Amor, ama.
- lorena namuh

- 21 ago 2024
- 2 Min. de lectura
¿Alguna vez has mirado unos ojos que te llenen de ternura?
Los de un bebé generan eso. Lo primero que puedo imaginar es que su corazón es tan vibrante, tan libre de armaduras y escudos, tan abierto, que las ventanas de su alma, donde habita el corazón reflejan su brillo tal cuál es.
Para mí esas ventanas son nuestros ojos.
¿Qué pasa cuando te encuentras con alguien que te mira sin su defensa? ¿Te ha pasado? Quizás bajas la tuya, o al menos un poco. Los ves y te ven, de verdad.
Dejarse ver nos confronta, nos da miedo. ¿Qué tal que lo que ven de nosotros no les gusta y nos rechazan? Y entonces nos vamos protegiendo a cada paso, cuidando cómo seremos, qué diremos, qué haremos en caso sí, en caso que… y vamos mostrando lo que nos enseñaron que es propio de enseñar y que solo así seremos aceptados.
Y escondidos en lo profundo de nuestro ser, donde a casi nadie, si no es que a nadie le mostramos, nos abandonamos.
Y sacamos a vivir a la imagen del quién debo ser.
A ese personaje le vamos añadiendo características conforme vamos conociendo personas y notamos actitudes y comportamientos que gustan de ellos a otros, y como si fuéramos a un supermercado, los agregamos a nuestro carrito de compra y nos mimetizamos, de nuevo para agradar.
Y así nos vamos olvidando de quiénes somos, de cómo ser nosotros, auténticos. Actuamos constantemente, somos uno en el trabajo, otro con la familia, otra con amigos y por supuesto otro cuando nos emborrachamos y/o drogamos.
No sabemos ser nosotros mismos porque estamos cubiertos de tantos disfraces, que nos olvidamos de diferenciar.
Y lo doloroso viene cuando tenemos deseos de conectar genuinamente, crear vínculos profundos, sobre todo en pareja y en amistades reales, y no nos ven. Nos sentimos incomprendidos y solos aún en compañía.
Exigimos a los que nos quieren que nos acepten cómo somos, que nos amen. Pero, ¿a quién?
“¿Quiénes somos?, ¿quién soy?”, es el comienzo. Y yo creo que no se responde con la mente. Es más no pretende una respuesta. Más bien es una llave para iniciar un viaje. Hay pistas que si uno se detiene a escuchar y se da la oportunidad de explorar, se acerca a descubrir su verdad.
Para mi gusto entrar a esta etapa es muy valiente, nadie nos puede mostrar el camino, aunque si hay personas que forman parte de el y nos acompañan desde su propio trayecto.
No creo que haya un único comienzo, son tantos cómo vidas queramos experimentar. Así que a la pregunta regresamos constantemente.


Comentarios