¿Un amor conocido o conociendo un viejo amor?
- lorena namuh

- 19 jul 2024
- 3 Min. de lectura
Parece una locura regresar a una persona después de tantos encuentros y separaciones a lo largo de tu vida con él. En realidad es alguien que nunca se ha marchado por completo, lo que pasa es que la manera en la que se relacionan se transforma con los años.
Son dos extraños conocidos que se retoman y por alguna extraña razón o no tan extraña encuentran necesaria la separación temporal, a veces sin el acuerdo, solo saben que ya es el momento de tomar y dar espacio.
Y sutilmente se piensan, quizás hasta se extrañan, pero no tienen problema con ello (o eso se cuentan ), se desean lo mejor y avanzan. Aunque muy de vez cuando se recuerdan, y les llega el anhelo de volver a coincidir.
A la vista parecen muy distintos, pero se nota que comparten lo más importante; confían en la vida, bastante diría yo. Se dejan llevar. Aman, y eligen hacerlo a costa de cualquier huracán. Además practican el ser honestos, sobre todo con ellos mismos.
Se han conocido tantas veces, pero han evolucionado tantas más, que es muy rico verse una vez más. Sus “citas” se sienten espontáneas, con muchos nervios y unas cuantas barreras al inicio, quizás varias miraditas escondidas, unas pláticas serias para ponerse al día de los meses ( probablemente casi cumpliendo el año ) en los que no se han visto.
Se nota que disfrutan mucho de su compañía; antes de verse saben que una tarde no será suficiente, así que previenen una pequeña maletita con lo necesario para pasar la noche juntos: una pijama, cepillo de dientes, ropa interior y una agenda libre para el día siguiente. Quizás hasta una guitarrita.
Conversan tanto de todo que en algún momento hablan de ellos, de lo que sienten. Por supuesto que lo hacen parecer lo más natural y cool del mundo, por encimita a ninguno se le nota la valentía que les tomó el mencionar que se gustan. Tal vez mucho más de lo que la última vez se gustaron. Y con esa declaración, afrontan la atracción evidente que existe entre los dos.
Se mueren de ganas por besarse y conforme más y más se escuchan el uno al otro, esas ganas crecen. Se ríen, se observan, se coquetean, cocinan, bailan, beben una que otra copita mientras comen delicioso. Las pláticas suben de nivel, parece que insinúan sus deseos, se abrazan y se huelen. Su química es brutal.
En algún momento deciden ir a la cama, de alguna forma la estaban evitando aunque por dentro (quizá sin saberlo) les urgía llegar. Está cozy, demasiado cozy. Sus piececillos se tocan y se acercan mucho el uno al otro, sus cuerpos ya están abrazados, las piernas entrelazadas, pecho y espalda pegados uno contra el otro, respiraciones más íntimas y el calorcito que se siente de estar juntos.
Se hacen cariñitos, parece que todo empieza así y de esa forma termina, en caricias. Se recorren cada centímetro del cuerpo con apenas las yemas de los dedos, sus pieles se erizan y de un momento a otro se giran para respirarse de frente, verse a los ojos y acercar sus labios. Se besan, por su puesto que se besan y a pesar de que ya se conocían, se sienten inmensamente nuevos; es una locura la curiosidad que surge al reconocerse mientras sus labios y alientos se funden.
¿Esto es real?, ¿querer tanto algo en un momento y entregarte a ello?, ¿y si al día siguiente cambias de opinión?, ¿y si no estás segura de qué quieres, sigue siendo real?.
¿Y si nos atrevemos a hablar sobre estas dudas?, ¿si nos damos permiso de “no saber”?, ¿nos estaremos dando la oportunidad de abrirnos a una relación más auténtica? ¿o tal vez el no saber es simplemente una excusa más para no tomar lo que queremos?, en algunos caso quizás por miedo al compromiso o tal vez por no sentirnos suficientes o merecedores.


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