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Miradas cruzadas por primera y tal vez única vez

  • Foto del escritor: lorena namuh
    lorena namuh
  • 9 jul 2024
  • 3 Min. de lectura

Me pregunto si encontrarte con alguien desconocido, mirarle a los ojos y dejar que te mire causa el mismo efecto para ambos.


Me gustan las salidas íntimas, de mesas para una sola persona, me gustan quizás porque una se permite ser la que quiere ser.


Cuando vas acompañada de alguien, pasa que te acomodas en ser lo que esperan que seas: tu yo conocida. En las citas con una misma, te permites cambiar y jugar. Y hay algo muy atractivo en eso, para una misma, te sientes más guapa.


Además en estos momentos te pones atenta, escaneas el lugar, te tomas el tiempo de recorrerlo y conocerlo hasta que eliges el sitio que más te llama; incluso te permites cambiar de mesa varias veces. Pláticas con la hostess, notas cosas que regularmente no notarías cuando vas acompañada, cómo que camina chueco, y en estos momentos donde estás tú sola te das la oportunidad de conectar y de pronto te encuentras sintiéndote muy cómoda preguntándole: ¿estás lastimada de tu pierna? y vaya la sorpresa, genuinamente te interesa su respuesta y la escuchas con atención; te conmueve saber que después de un rato de estar parada y caminando de un lado a otro, le cuesta trabajo apoyar su pie.


Y cuando estás sola y dejas a un lado tu celular, y te animas a voltear al rededor quizás con un poco de timidez, ves a tus vecinos de mesa pero por encimita y rapidito para no ser invasiva, te tomas el tiempo de mirar cada detalle del restaurante: sus techos de cristal, las miles de plantas que lo rodean, el espejo en la mesa que refleja la luz y sobras de unas flores; atrás de ti hay una pared de piedras húmedas con musgo vivo y la tocas con verdadera curiosidad, sintiendo sus texturas; escuchas y disfrutas con atención la música, reconoces los diferentes sonidos del espacio cómo cuando el bartender golpetea una copa o mezcla los hielos, o se ríen entre ellos por algún buen chiste local que tienen.


Te encuentras fascinada espectando cada escena, no hay prisa para revisar el menú de coctelería una y otra vez, imaginas los sabores de cada ingrediente descrito en las bebidas, te preguntas si se te antoja más un Goldy o un Hierba Flor, y fantaseas un poco con la comida que acompañará tu copa. En la espera observas un poco al rededor y de pronto te derrites por los olores que percibes, están cortando algunos cítricos recolectados del jardín, estimulando sus notas y ahumándolos para darle el toque perfecto a las bebidas de autor… ufff un espectáculo de aromas que puedes sentir hasta en el paladar.


Y así después de una larga y emocionante espera, llega Erika con tu cóctel “mezcal, pétalos de rosa y durazno” en una copa demasiado bella y te sientes glamorosa, ahí sentada, disfrutando de un lugar lleno de arte, sabiendo que te lo mereces todo, y así te enamoras un poco más de ti.


Decides no quedarte a comer ahí, después de tu delicioso aperitivo pides la cuenta; antes de marcharte preguntas por eventos privados en el lugar y te presentan a la gerente, Juana, con ella tienes la plática más rica y creativa, se intercambian números y te vas triunfante y fabulosa.


A tu salida, despidiéndote de la hermosa experiencia, bajando algunos escalones, ahí están: unos ojos luminosos que te miran fijamente mientras tú los miras de vuelta, un intercambio de segundos que toca profundo y moviliza, crea un fuerte interés de querer volverlos a ver y conocer a esa voz atractiva que iba acompañada quizás de su ¿madre?, y aunque no dices nada y solo sigues avanzando, sabes que esos ojos te miran de atrás, los sientes.


Te vas feliz, coqueteándole a la vida. Preguntándote: ¿será que nos volveremos a encontrar? ¿Él también se preguntará quién soy yo?


¿La vida nos pone de frente con personas que nos causan mucha curiosidad y atracción solo para no volverlas a ver jamás? ¿Cuál será la intención de estos encuentros fugaces? ¿Serán una invitación única considerada como una prueba de valentía para atrevernos a seguir nuestros instintos? ¿Si existiría un segundo encuentro te animarías a hablar con él y claramente hacerle saber que te interesa? ¿Serías capaz de dar el primer paso en un encuentro tan random y quizás tan vulnerable donde hay la probabilidad de que te rechace?




 
 
 

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